Collar – Gómez Centurión – Quiroga

El Mito Real es un grupo de artes visuales fundado a mediados de 1993 en Buenos Aires Argentina. Lo conforman los pintores Enrique Collar (1964, Paraguay) Carlos Gómez Centurión (1954, Pcia. De San Juan-Argentina) y Víctor Quiroga (1954-2021, Pcia. De Tucumán-Argentina). El origen del grupo fue gestado por el maestro argentino Luis Felipe Noé, quien tuvo la visión y propuesta convocando a los tres artistas. Con una gran exposición, la presentación del grupo tuvo lugar en el Centro Cultural Recoleta el 1 de setiembre de 1994. Para esta ocasión participaron como artistas invitados Miguel D’arienzo en pintura y Betina Sor, esculturas. El evento tuvo un gran impacto en el mundo artístico y público general. El Mito Real continuó con la propuesta artística que los definiría en el panorama de las artes visuales de los ’90s hasta concretar una cuarta exhibición en 1998, en las Salas Cronopios del Centro Cultural Recoleta de Buenos Aires.

Este sitio pretende aunar materiales visuales, textos, prensa y audiovisuales del grupo, como parte del testimonio artístico de los cinco años de actividad que mantuvieron juntos, constituyendo un valioso aporte al Arte Latinoamericano contemporáneo.

augusto roa Bastos

REALIDAD DEL MITO

«Su manifiesto artístico, ético y social, proclama con toda naturalidad, lucidez y sensibilidad al declarar que, en esta etapa de producción, han elegido la temática de los mitos y leyendas sudamericana para expresarla a través de la figuración libre, con un lenguaje pictórico contemporáneo. El nuevo grupo, resplandeciente de juventud, de vida, de voluntad de aportar, desde lo antiguo y cotidiano, desde el terrible presente saturado de violencias, incluso desde las premoniciones del futuro, cantera donde la realidad aún no es y sin embargo ya es -esencia de las utopías- está plenamente insertado en el mito real».

Toulouse, 21 de mayo de 1996

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Luis felipe noé

LAS BONDADES DE LA LUZ MALA

«Luz mala. Reverberación emanada de la tierra. Alma que se llena de temores. Mito que repercute en las sensibilidades y se incorpora a las realidades de este mundo. Este como muchos otros. El mito real pareciera ser propio de las sociedades más cercanas a la tierra. Pero la estructura mítica surge en todas partes. Hay muchos tipos de luces malas en la ciudad también. Si los sentimientos primarios pueden en su refinamiento hacer germinar civilizaciones notables, las luces peores son las que destruyen en nombre de la «civilización» en abstracto el proceso de elaboración mítica. Pero hay quienes saben, aún desde la perspectiva de lo urbano, detectar las reverberaciones emitidas hasta por la miseria más categórica. Pero también, es cierto aquellas vibraciones del alma son mayores cuando la tierra se relaciona mas directamente con el cielo. La sensibilidad artística que no es otra cosa que la sensibilidad despierta, se relaciona ante todo, con el mundo entorno percibiendo, vale la redundancia, el mundo que gira entorno a este. Y en esa percepción se encuentra con las reverberaciones de las almas, con las luces malas. Ellas son gérmenes de leyendas pero también de visiones. Estas leyendas son previas a todo cuento y estas visiones a toda imagen y están instaladas en la realidad”.

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aDOLFO COLOMBRES

LEJOS DE LOS CAMPOS DEL SEÑOR

«Se trata de una pintura que a la vez revela y oculta, con una intensidad que el color potencia. Se podría decir que estamos ante un nuevo realismo, cimentado más en el lenguaje de la sensibilidad que en esa razón miope impuesta por el positivismo, en su intento de encorsetar al arte, para alejarlo, en nombre de una función social pobremente entendida, de los «peligros» de la vía simbólica. Si la función del mismo es enseñar al hombre a maravillarse del mundo, estamos ante un arte de la mejor especie, que viene a decirnos que es posible otro lenguaje plástico, y que apostar a la Argentina profunda no constituye un pasaporte seguro hacia el fracaso y el ridículo, como cierta crítica light nos quiere cada tanto hacer creer. Aquí hay sentido de la composición y del color, un impecable manejo de la forma, el movimiento propio de las mutaciones, un clima irreal que violenta las puertas de una percepción cansada para sugerirnos lo maravilloso como una cualidad de la tierra, y sobre todo un hondo compromiso humano con los mundos concretos de los que dichas obras son un digno testimonio, algo raro en esta posmodernidad escéptica y frívola a la que tantos artistas se pliegan hoy alegremente, como quien juega en los campos del Señor».

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“Do not say a little in many words but a great deal in few.” – Pythagoras